Maud Forget; dulce y fragilENTREVISTA EL CINE Y SUS VOCES
Por Alejandro Frías“En persona, la joven actriz Maud Forget es de apariencia dulce y frágil, siempre sonriente y accesible, en contraste con su atormentado personaje de hija rechazada en La Vida Prometida (La Vie Promise, Francia, 2002), quinto largometraje del realizador galo Olivier Dahan (Pulgarcito, Los Ríos de Color Púrpura 2). A pesar de su todavía corta carrera, Maud tiene muchos seguidores en Francia, que no dudan en plasmar su admiración en el sitio “no oficial” que una fan le construyó.
De visita en México durante el pasado Festival de Cine Franco-Mexicano 2005, Maud habló con varios medios de comunicación sobre su trabajo en La Vida Prometida, proyectada en el festival y recientemente estrenada comercialmente. Maud estudió actuación en el Sudden Théâtre y en el Studio Jack Garfein, debutando en el cine con Malas Compañías (Mauvaises fréquentations, 1999), de Jean-Pierre Améris, para de ahí seguir una carrera en crecimiento, alternando participaciones en televisión, cortometrajes e incluso una obra de teatro, L’Autre Ou Le Jardin Oublié, hasta el trabajo que para ella ha sido el más importante, por haber actuado junto a la gran actriz Isabelle Huppert, personalidad de la que aprendió mucho en el rodaje.
Maud interpreta en La Vie Promise a Laurence, hija de una prostituta (Huppert), Silvia, que una noche defendiendo a su mamá hiere de muerte a uno de sus “padrotes”. Por ello, madre e hija escaparán de la ciudad de Niza hacia la campiña, viaje que se tornará en una búsqueda del último esposo de Silvia, con quien tuvo un hijo a quien no ve desde hace 8 años. La relación entre ambas es difícil, ya que Silvia es alcohólica y adicta a las drogas. Maud platica más sobre su trabajo en La Vida Prometida en entrevista exclusiva.
A.F. ¿Cómo fue para ti trabajar con una actriz tan famosa e importante como Isabelle Huppert?
M.F. Es una excelente actriz, con una gran carrera y que ha ganado tantos premios. El trabajo que hizo en esta película fue formidable. No ha actuado mucho con jóvenes actrices como yo. Pasaba mucho tiempo junto a ella para aprender. Me respetaba mucho como actriz. Creo que eso fue lo más importante para mí, el sentimiento de igualdad que prevaleció entre ambas.
A.F. ¿Apoyarías a tu mamá en una situación como la de Laurence o serías estricta con ella?
M.F. ¡Qué difícil! Yo creo que la provocaría mucho, pero de manera positiva. La llevaría hasta cierto límite quizás, para que nos liberáramos de esa tensión y al final nos pudiéramos decir “te quiero”.A.F. Podría decirse que sí la apoyarías para salir de esa vida y problemas.
M.F. Si, totalmente.
A.F. ¿Cómo ves la situación en Francia para los jóvenes actores que quieren iniciarse en este mundo?
M.F. Muy complicada. En Francia todo mundo quiere estar en cine actuando. Hay demasiados candidatos y no mucha oferta. No hay suficientes papeles para las jóvenes actrices. Creo también que la manera de actuar de muchas jóvenes es muy similar. Es importante tener experiencia. Hacer una carrera en cine es dificilísimo, porque te toman y después te dejan. Por ejemplo, para hacer una carrera como la de Isabelle Huppert es muy complicado, conlleva mucho esfuerzo y trabajo.
A.F. Has batallado mucho para llegar hasta donde estás ahora ¿no?
M.F. Sí, bastante. Es una lucha constante. Tampoco debo pensar que por el hecho de haber trabajado con Isabelle Huppert ya todo está ganado. No. Hay que trabajar mucho, nunca repetirse, ni hacer lo mismo siempre.
A.F. ¿Tuviste el apoyo de tus padres a la hora de elegir tu carrera?
M.F. Sí y no. Sí, porque mi madre me apoyó mucho. Me decía que para los adolescentes no abundaban las grandes oportunidades, que debía aprovecharlas. No, porque con mi padre fue distinto, mucho más difícil que aceptara, ya que él quería que siguiera una carrera “tradicional”. Él no podía ver que para mí la actuación era mi vida. Prefería que hiciera estudios universitarios.
A.F. Supongo que Laurence habrá sido uno de los papeles más agotadores de tu carrera.
M.F. El personaje tiene un acento psicológico muy marcado. Había que cuidar muchos aspectos, como las palabras,... la mirada y gestos sobretodo. El rostro tenía un peso importante, con esas miradas de complicidad entre madre e hija, el sufrimiento que persiste entre las dos. Tenía que estar muy cuidada esa proyección que le diera a Laurence.
A.F. ¿El ambiente en Niza es tan áspero y crudo como se retrata al principio en el filme? Niza tiene alguna fama de ello ¿no?
M.F. Bueno, desde un punto de vista personal, Niza es un lugar que no me sienta bien a mí. Me siento insegura ahí. Siento una mala vibra en Niza, es un sentimiento muy especial y particular (risas).
A.F. ¿Con quién te gustaría trabajar en el futuro?
M.F. Definitivamente, con Isabelle Adjani.
* Alejandro Frías es periodista cinematográfico
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